Vida entre amigos

Un honesto y excepcional paseo guiado por el artista Juan Vida a través de los cuadros de la exposición Vida entre amigos. Más de 5.000 personas han visitado esta muestra, celebrada en la sala A de los Condes de Gabia de Granada y en cuya organización ha participado la Fundación Huerta de san Antonio.

En la sala A del palacio de los Condes de Gabia, en Granada, hay un rumor sostenido. El público asistente espera deseoso la llegada del pintor Juan Vida. El autor de los lienzos de gran formato que cuelgan de las paredes. El protagonista de los documentos que exhiben las vitrinas. Hay en esta exposición, titulada Vida entre amigos, 35 años de indagación artística, prácticamente un resumen de su trayectoria profesional.

Pero, además, cuenta con otro original aliciente: las obras que la conforman pertenecen a sus amigos. Han abandonado, de forma temporal, el lugar preferente que ocupaban en el salón, en el dormitorio o el recibidor de sus casas. Pinturas pergeñadas en un momento determinado por Juan Vida pero que ahora están bajo la tutela de Miguel Ríos, de Joaquín Sabina, de García Montero, Almudena Grandes, de Joan Manuel Serrat o de Muñoz Molina, entre otros fieles compañeros.

Este inefable compendio de obras plásticas se reúnen por primera vez en la muestra Vida entre amigos. Vienen de vuelta, impregnadas de otras lecturas, de aquello que han querido ver en ellas, sentir o tocar cada uno de sus dueños, de ese diálogo íntimo y personal con sus respectivas obras de arte. «Nada es verdad, todo es verdad» afirma Vida, quien explica a los allí congregados cada una de estas pinturas con la misma y absoluta sinceridad que puso en ellas a la hora de su creación.

La honestidad en el arte

Frente a su propio autorretrato, titulado El patio de mi casa, Juan Vida comenta su manera de estar en el arte. Los animales “esenciales” que montan guardia a su alrededor, la geometría desordenada de la naturaleza… Y una figura suya un tanto derrotada que asume y expresa lo que es, sin tapujos, sobre un fondo blanco que no concibe dobleces, «señal de legalidad», afirma el pintor.

La importancia de expresar la verdad en el arte la ha proclamado Juan Vida en numerosas ocasiones. Y, quizás, lo haya hecho de forma más patente en aquel momento de su vida en que anheló la paternidad biológica de un niño que no podía ser. Hay en la exposición Vida entre amigos varios cuadros en los que plasma este deseo insatisfecho con imágenes turbadoras de resonancias bíblicas y colores desapacibles. Cordero de Dios, El niño Jesús en Vigo, La señal de la cruz, María y Jesús en Vigo… son cuadros, creados en el año 2003, en los que una frágil criatura de porcelana, como sacada de un retrato gótico-renacentista, acapara el protagonismo.

«Es la sublimación del niño que no tienes», aclara. Entre ellos, Juan Vida destaca la obra titulada Purificación de María como una de sus preferidas. Porque, su composición en cruz transmite solemnidad, con dos columpios viejos a ambos lados de la madre que se aferra a un niño entre sus brazos y que son como las cruces del Calvario para el artista. Joaquín Sabina, el propietario de este cuadro de gran tamaño, tuvo que construir un tabique para poder colgarlo en su casa de Madrid.

Un fan de la pintura sintética

Ante sus cuadros océano, de casi dos metros de alto, Juan Vida explica su manera de trabajar. «Yo tengo una idea general y, en función de eso, voy conjugando. Comienzo a pintar hasta que salen esos fondos y las figuras que se suspenden en ellos». En alguna ocasión ha tenido el pintor quebraderos de cabeza con la ejecución de esos magnéticos fondos, tan cargados de pintura que llegaban a resquebrajar el lienzo.

Ahora, se declara un completo fan de la pintura sintética. Utiliza fibra de vidrio en la imprimación, «que es una cosa indestructible», asegura, y que además le permite utilizar los esmaltes muy diluidos, aligerando el peso del cuadro. De la misma manea, la mezcla de pintura plástica y carbonato cálcico se transforma en una pasta mate densa y algo translúcida que ofrece interesantes posibilidades expresivas. «La historia de la pintura es la historia de la evolución de los materiales», «soy un fan de la pintura sintética» exclama con entusiasmo.

Como un marciano con nuevos materiales

Como no puede ser de otra manera, la experimentación en su trayectoria artística es una constante. En los cuadros titulados Sábado noche, Pescador de almejas o Ceci n´est pas une cebra Juan Vida confiesa estar en una etapa arriesgada, de ensayo, donde pintaba a golpe de impulso.

De ahí ese ingenuo cinturón de peluche que abraza el torso bronceado y estatuario de un ídolo. El sombrero absurdo, del mismo material, con el que se cubre la cabeza un atento pescador o los retazos de piel que acompañan a una solitaria cebra, algunos de ellos arrancados por el artista para conseguir la textura deseada.

Era este un momento, a finales de los años 80 y principios de los 90, en el que vendía cuadros, confiesa el artista. Trabajaba para la galería Almirante de Madrid, y guardaba en la retina las impresiones de un reciente viaje a Nueva York. «Era como un marciano al que le dan materiales nuevos y siente ganas de probar», admite.

La evolución se aprecia en sus siguientes creaciones, a mediados de los años 90, con Piel de toro o La expulsión del paraíso, pertenecientes a una serie de desnudos femeninos que viajaron hasta ARCO. En el último de ellos, el color blanco surge caudaloso y elocuente desde un fondo de tonos sepia. Juan Vida cuenta que lo pintó en el suelo y que fue prácticamente una casualidad conseguir esa textura, «la pintura, a veces, solo tienes que saber conducirla», afirma.

El triunfo de la primavera

El color vibrante vuelve a la obra de Juan Vida con la irrupción en su vida de Julia Shan, su hija adoptiva. En La estrella de Oriente la retrata a ella, a su llegada en 2005, con el emblemático edificio de la entonces Caja de Ahorros de Granada. Julia está como tomando posesión de la ciudad, con un fulgente quimono de color rojo. La intensidad y limpieza de este tono, aclara el artista, la consiguió mediante el empleo de una veladura roja sobre el color blanco. Es el mismo rojo luminoso que utiliza en otros cuadros de la exposición, dotando con él a las figuras de un significado trascendente.

De esta época dichosa es el lienzo El nacimiento de la primavera, del que más satisfecho se siente Juan Vida. Porque, según él, se acerca mucho a la idea de cómo debe ser un cuadro: «que parezca que no tiene trabajo». En él vuelve a retratar a su hija Julia, con un rostro muy trabajado, desprendiendo la luz del triunfo, envuelta entre alegres iconos de Oriente y Occidente.

Vero icono

La modalidad del retrato en la obra de arte es sin duda un reto. En 2019 Juan Vida se enfrentó al de un niño fallecido. «En el retrato, no solo debe existir parecido con el modelo, sino que debe ser capaz de sustituirlo», sostiene. El resultado de este intento es Vero icono, una delicada pintura que reproduce de forma sutil la imagen del hijo ausente. Imagen que ya no es solo imagen para su madre, que lo reconoce y llora de emoción. La confesión de Juan Vida, visiblemente conmovido, estremece a una audiencia entregada y atenta.

El último de los retratos concluidos por Vida, más de quince años en concebirlo, forma parte también de esta exposición. Se titula Pandemonia y representa, mediante una parodia simbolista, a Irene García Chacón, comisaria de la exposición junto con Manuel Berlanga. La figura, flanqueada por dos velociraptor, que aluden a sus padres, parece suspendida sobre un suelo de geometría euclidiana que da sentido a todo el atrevido conjunto.  

Un catálogo de coleccionista

Juan Vida parece sentirse cómodo. Con la misma transparencia del blanco de sus cuadros va desvelando a los espectadores los entresijos de su arte, los inesperados trucos que emplea, las motivaciones que le sacuden y las jugosas anécdotas que recuerda. La Mona de Nanning llegó hasta la casa de Joan Manuel Serrat porque su mujer se enamoró de ella en cuanto la vio en el estudio del pintor. «Que sepas Juanito que estás presente en mi vida», le escribió el cantante al recibir el cuadro.

Sin duda, el pintor granadino está presente en cada una de las obras que sus amigos custodian en la intimidad de sus hogares. Amigos artistas, escritores y músicos con los que también ha colaborado en el diseño gráfico y la ilustración de libros y discos. Objetos fetiche que reposan en las vitrinas de la exposición Vida entre amigos y que el artista se detiene a comentarlos con un público incondicional.

No obstante, toda esta inestimable documentación está recogida de forma excelente en el catálogo de la exposición Vida entre amigos. Editado por la Delegación de Cultura y Memoria Histórica y Democrática. Artes Plásticas, junto con la Fundación Huerta de san Antonio, instituciones organizadoras de la muestra. El libro, diseñado por el propio artista, contiene textos escritos por los propietarios de los 38 cuadros que la forman, (Almudena Grandes, Luis García Montero, Joaquín Sabina, Pere Rovira, Antonio Muñoz Molina, Álvaro Salvador, Miguel Ríos…) acompañados con ilustraciones a todo color y numerosas fotografías inéditas. Impagable.

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