Un mar prehistórico

Una muestra de arcilla obtenida en una de las criptas de la iglesia de San Lorenzo muestra la existencia de un mar prehistórico. El agua que anegaba este lugar dejó un fascinante mundo marino solo visto a través del microscopio.

Hace ocho millones de años el agua de un mar prehistórico anegaba lo que ahora es la cuenca del Guadalquivir. Un enorme espacio, parecido a un lago, en el que proliferaban las especies marinas de aquella época. Extrañas criaturas la mayoría de ellas, gigantes algunas, y otras de tamaño diminuto solo apreciables con las potentes lentes de un microscopio.

El reciente trabajo ha sido realizado a partir de una muestra de arcilla tomada en la iglesia de San Lorenzo. La muestra, nos ha permitido conocer a varios de estos inquietantes e invisibles seres vivos. Habitantes del mar prehistórico que ha recogido y fotografiado, a gran escala, Isabel Sánchez Almazo, doctora en Ciencias Geológicas por el departamento de Paleontología de la Universidad de Granada.

Foraminífero bentónico
Foraminífero bentónico

La muestra de arcilla se ha extraído de una de las criptas del templo. En concreto, la que se halla situada bajo el coro y que se presume era el lugar de enterramiento de los abades de la parroquia. Esta bóveda subterránea presenta niveles de humedad superiores a los del resto de criptas de la iglesia de San Lorenzo. Las criptas fueron descubiertas a consecuencia de los trabajos arqueológicos llevados a cabo entre los años 2014 y 2015 por la Fundación Huerta de san Antonio. Los altos niveles de humedad que poseen se deben a la existencia de capas de greda o arcilla de color blanquecino muy porosa e impermeable. Las cuales absorben el agua de infiltración y la dejan escapar muy lentamente.

Fuentes y manantiales

Esta composición del terreno es la misma que hace posible el afloramiento de numerosos manantiales en la cornisa sur de la ciudad de Úbeda. Como es la Fuente de las Risas, el Pilar de la Puerta de Granada, la Saludeja, Fuente Seca o la Fuente de la Higueruela. El alto espolón rocoso que se alza en estas latitudes, muy rico en carbonatos, está horadado por numerosos regatos y corrientes de agua. En la antigüedad, fueron mucho más numerosos y abundantes, y dejaron su huella en la iglesia de San Lorenzo. Según la doctora en geología, el permanente flujo del agua a través de las pequeñas diaclasas, o fracturas del sustrato rocoso de la iglesia, provocó la formación de canales y surcos profundos. Estos recorren gran parte del subsuelo, y pueden apreciarse en la actualidad gracias a las catas arqueológicas.

Nanoplacton

Por tanto, puede decirse que el sustrato geológico sobre el que asienta San Lorenzo tiene una composición similar al de la cripta mencionada. Está formado por niveles rocosos cementados (calcarenitas) y otros más blandos (margocalizas), dispuestos de forma alterna. Todos estos materiales son sedimentos que pertenecen al Mioceno superior. Un periodo en el que Úbeda formaba parte de una cuenca marina que ocupaba un territorio parecido al que hoy ocupa la actual cuenca hidrográfica del Guadalquivir.

La muestra analizada por Sánchez Almazo, especialista en estudios paleoambientales a partir de microfósiles y geoquímica, procede de los niveles blandos del subsuelo. Es de color grisáceo, y está formada por margocalizas, que son sedimentos compuestos en su mayoría por arcillas y carbonatos. En ella se han encontrado diversos ejemplares de microfósiles que demuestran el origen marino de las rocas sobre las que se sustenta San Lorenzo. También el período de tiempo en el que se formaron, hace aproximadamente ocho millones de años.

Microfósiles marinos

Los microfósiles encontrados son diversos ejemplares de foraminíferos bentónicos (que viven en el substrato del fondo marino) y planctónicos (que viven flotando en la superficie del agua del mar), así como de cocolitofóridos o nanoplancton. Se trata, en general, de organismos unicelulares que construyen sus caparazones con carbonato cálcico. Forman, así, un mineral que se preserva fácilmente en el registro fósil. Todos ellos son excelentes indicadores de las condiciones ambientales y climáticas que existían en este mar prehistórico, especialmente los planctónicos.

Foraminífero bentónico
Foraminífero bentónico
Organismos que no llegan al milímetro

Lo que resulta sorprendente es que muchos de estos peculiares organismos que habitaban en el mar prehistórico, aún continúan viviendo. Aunque algunas especies del Mioceno están extintas. Así, los foraminíferos, son un grupo muy abundante en los sedimentos y presentan una gran variedad de especies. Se les llama «arena viviente» por el gran mimetismo que consiguen con ella.

Nanoplacton
Nanoplacton

Los cocolitofóridos, algas microscópicas con un caparazón bastante complejo de carbonato cálcico, son muy útiles en el análisis bioestratigráfico y para establecer correlaciones a escala mundial. También son excelentes indicadores para medir los cambios de temperatura y la salinidad del agua de los océanos de tiempos remotos. Se convierten así en valiosas herramientas para científicos e investigadores, al igual que ocurre con el nanoplancton, también muy abundante en los sedimentos marinos.

El tamaño del nanoplancton es menor al de una micra, totalmente imperceptible a simple vista. Tan solo puede apreciarse mediante un potente Microscopio Electrónico de Barrido (SEM) como el utilizado, en esta ocasión, para obtener tan sorprendentes fotografías. El formidable aparato óptico pertenece al Centro de Instrumentación Científica de la Universidad de Granada, donde Sánchez Almazo desarrolla su actividad.

Foraminífero bentónico
Foraminífero bentónico
Foraminífero bentónico
Foraminífero bentónico
Aumentando entre 300 y 30.000 veces su tamaño normal

El proceso para obtener las fotografías de los microfósiles comienza haciendo un tamizado con agua de la muestra de margas, hasta conseguir una fracción por encima de 150 micrómetros.

Una vez seca, se seleccionan en ella, con un microscopio óptico, las especies

Orbunila
Orbunila

de microorganismos que interesa fotografiar. Suelen ser aquellas que, como hemos visto, actúan como excelentes indicadores paleoambientales. Estos microorganismos se introducen en el SEM para su observación y, para poder realizar las fotografías, es necesario aumentar su imagen. En este caso, y según las especies, se ha realizado un aumento entre 300 y 30.000 veces el tamaño real de sus conchas. Con ello se obtienen unas fotografías espectaculares, debido a la mayor profundidad de campo que posee el microscopio y que proporciona una sensación de tridimensionalidad.

La Fundación Huerta de san Antonio, responsable de la rehabilitación integral de la iglesia de San Lorenzo, agradece enormemente este tipo de colaboraciones, altruistas y desinteresadas. Ayudan, no solo a desvelar los muchos secretos que esconde el viejo templo ubetense, sino también a disfrutar con la difusión del conocimiento.

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