La capilla de San Andrés

La capilla de San Andrés destaca por la pintura mural, recientemente restaurada, que adorna su cabecero. Una escena, a modo de «conversación sagrada», en la que aparece un enigmático personaje.

La reciente restauración de la pintura mural de la capilla de San Andrés ha proporcionado nuevos y valiosos elementos para conocer dicho espacio. De ella se ha encargado la empresa segoviana ConservarArte. Sus integrantes, Sara Martín y Beatriz Rubio, han realizado un sorprendente trabajo de recuperación de la obra, que mostraba un gran deterioro, fruto del abandono, la suciedad, el tiempo y de varias capas de cal. La feliz actuación ha sido posible gracias al dinero recaudado con la actividad «San Lorenzo con los 5 sentido». Una iniciativa de la Fundación Huerta de san Antonio en colaboración con la La Cocinita de Anita, que permite degustar una romántica cena en el adarve de la iglesia durante los meses de verano y contemplar los espléndidos atardeceres sobre el valle del Guadalquivir. ¡Gracias a todos los que habéis participado en esta iniciativa, sin vosotros no hubiera sido posible!

Sacra conversazione

La pintura mural de la capilla de San Andrés está realizada al temple y su antiguedad se sitúa entre los siglos XVII y XVIII. Representa una escena de oración, conocida como «sacra conversazione», o «sagrada conversación» en español, que se hizo muy popular a partir del Renacimiento. La escena está presidida por la figura central de un Cristo Resucitado. A su izquierda se disponen la Virgen María y San Francisco. Mientras a la derecha aparecen San Lorenzo, vestido con dalmática, y el retrato de un misterioso varón que debe ser, a todas luces, el donante o comitente.

El comitente es quien encarga y sufraga la pintura en cuestión y, con seguridad, es también el propietario, en ese momento, de la capilla funeraria. En el mural se muestra atado por gruesas cadenas a la Virgen y a los santos. Y, en la parte inferior, enmarcando la pintura, reza la frase: Señor pequé, aved misericordia de mí que soy gran pecador. Según el historiador del arte Pablo Jesús Lorite Cruz el conjunto simboliza la plegaria de salvación del comitente ante Jesús, tomando como abogados a los santos y a la misma Virgen. Pero ¿de quién se trata?

¿Quién es el donante o comitente?

El cronista de Jaén Alfredo Cazabán Laguna hace referencia por primera vez a este mural en su libro Apuntes para la historia de Úbeda, que publica en 1887. En él apunta a que el comitente es el beato Juan Garrido. De esta información también se hacen eco, sucesivamente, los historiadores Ruiz Prieto y Manuel Muro. ¿Pero quién era este personaje? Torres Navarrete, en su libro Historia de Úbeda en sus documentos dice de él que nació en Úbeda el 6 de mayo de 1546. Y que pertenecía a la Tercera Orden de San Francisco, en la que profesaban laicos sometidos a la Regla de penitencia. Por eso, todos los viernes del año, el beato se encerraba con una cruz a cuestas en la iglesia de San Nicolás para rezar el Vía Crucis. Se dice de él que era un virtuoso en vida y que obró grandes prodigios a su muerte. El beato Juan Garrido fue enterrado en la capilla de los Copado del convento de San Francisco de Úbeda el 9 de noviembre de 1614.

Por otro lado, según el historiador del arte José Manuel Almansa, la capilla de San Andrés es mandada construir en el año 1585 por el jurado de Úbeda Juan de Alvarado. Quien contrata a los canteros Diego de Arias y Diego Gil para realizar dicha obra. Es por ello que este oratorio también es conocido como capilla de los Alvarado. En el año 1713, un sucesor de la familia, Juan Alvarado Anguís, expresa su deseo de ser enterrado, igualmente, en esta capilla que es de su propiedad. Anguís es, además, síndico del convento de San Francisco de Asís de la ciudad. Lo que hace pensar que el misterioso retrato del comitente también pueda pertenecer a él.

Dibujos de Baltasar Raya en su libro Conjunto de San Lorenzo. Estudio Gráfico. A la venta en la iglesia de San Lorenzo

Arquitectura de la capilla de San Andrés

La capilla de San Andrés está situada junto a la puerta principal del templo, en el lado del evangelio. Su factura es renacentista, al igual que el resto de las capillas que se abren a ambos lados de la nave. Todas ellas están configuradas con el mismo patrón, aunque presentan ligeras variantes. Cuentan, en rasgos generales, con un gran arco de medio punto, apoyado en pares de columnas que se apoyan sobre retropilastras corintias. El conjunto enmarca el espacio de la capilla que se remata en la parte superior con una bóveda de cañón, decorada con casetones y motivos florales.

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